Hoy les compartimos un par de lecturas cortas y contundentes sobre temas que nos causaron curiosidad en las últimas semanas. Hablamos del renacer del catolicismo en la generación Z y del paisaje sonoro que nos dejan las motos. Sin saberlo, como siempre, estábamos hablando de tóxicas masculinidades. Además, algunas recomendaciones de cine y música.
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Dios es contracultura
Los “teo-bros” son aquellos muchachos influencers de lo religioso. Son jóvenes que, como producto de su entorno —pero también como efecto colateral del desastre de las big-tech— habitan lo digital compaginando valores de lo “macho”, la obsesión por el ejercicio y la mejora personal, con la religiosidad y su idea de rectitud. Son chicos encantadores de TikTok cuyo estilo de vida combina el gym con la oración.
Uno con la moto
Las motos poderosas suenan elegante y potente. Musicalizan a la sociedad, que desde plazas y parques les observa pasar durante pocos segundos a alta velocidad y gran volumen. De lo que no se enteran los motoristas es que mientras su estela apetrolada todavía endulza el ambiente, casi siempre se levantan tres, cuatro o diez personas en la plaza a ver quién era aquel modelo a seguir. Y cuando se trata de un hombre, algunas mujeres incluso susurran: “ojalá que sea soltero” o “me lo como”.


