El camino a Isla Sigma

LinkedIn: La red del no humor

12 Feb 2025


Las risas de una quedada entre amigos se silenciaron cuando quise rememorar una publicación que vi en LinkedIn. El comentario interrumpió la conversación y se sintió la angustia que contiene ese vocablo anglosajón que nadie parece —o quiere— saber pronunciar: LinkedIn. Por fortuna, la ocurrencia de una amiga salvó el momento: “El problema con LinkedIn es que no tiene espacio para el humor”.

De vuelta en casa quise retar la anterior tesis. La primera comprobación fue scrollear. Lo hago a diario, pero bajo la sombra del no-humor hubo un nuevo color, o más bien, lo privó de colores: ¡En el scrolling de LinkedIn no hay diversión! Noté entonces la implacable seriedad en las publicaciones:

Cuando descubrí la kombucha, sabía que tenía que compartirla con el mundo” profetizaba una. “Si hiciste una mala inversión, hay solución" rimaba otro. “Goodbye my lover, goodbye my friend, facturar fuera de la nube es cosa del pasado.” joder, hasta música. Pero de humor nada.

Aceleré mi scroll, tenía que haber un post que no participara de esa impostada pertinencia. Pero la gracia no se asomó en ninguna publicación, no la hubo en las miles de soluciones a problemas que no tengo o en los obvios hallazgos en materias que a nadie le importan. Me pregunté entonces: ¿¡cómo hacen para escribir tantas cosas aburridas!?

En mi cabeza tejí pensamientos oscuros: estamos frente al gran complot del perverso capitalismo, caímos en la trampa de la sobreinformación, nos dominan bajo el yugo de la infelicidad… ¡STOP! Exaltado me alejé de la pantalla, “ha de ser la hora”, me justifiqué “mañana será diferente”. El descanso trajo la calma y la claridad. Había una falla en el razonar de mi amiga: En LinkedIn se consigue trabajo, trabajo equals money and money lo sabemos, es felicidad baby. Jaque querida.

Escribí en un post-it: “a publicaciones necias reacciones sordas” y entré una vez más. Decanté las ofertas de trabajo a las etiquetas que más resonaban con mi perfil: Gestor Cultural y Director de Proyecto —lo más cercano a 'artista' en terminología Linkediana— y, vamos a ello que vienen las carcajadas.

Opción 1: Barcelona, híbrido, unos buenos miles de Euros, responsabilidades a las que me ajusto. Párrafo de presentación. Chatgptazo. A lo mejor actualizo mi CV para esta aplicación. Mierda, tengo que instalar Illustrator. Mejor le digo al amigo que me la hizo. No contesta, ¿cuánto llevo en esta aplicación? La termino después.

Opción 2: No tan interesante pero bueno, bastantes euros. Responsabilidades similares a las de antes. Un equipo de gente que se adora, perfecto, fan de las relaciones de oficina. Esta vez mi CV cuadra. ¿Carta de presentación? por Dios. Chatgptazo. ¿Ahora estoy en otra web? Una IA desglosa completamente mal mi Curriculum. La carta ahora la piden en inglés. ¡Se me fue la mañana! La termino después.

Opción 3: Barcelona, híbrido. No tantos euros, no importa. ¡Buah! culo de ladrillo de descripción, lo que sea, no la leo. CV simple, sin párrafo de presentación, perfecto. Reviso. Todo correcto. Esto es un milagro: “Enviar”. “La oferta ha llegado al límite de las aplicaciones. Sigue buscando”. Ni el más mínimo asomo de una sonrisa my friend.

Un último intento. Lo siento amiga pero desmantelaré tu verdad y reirán cuando cite a LinkedIn en mis quedadas nocturnas. Deposité entonces, mi energía en crear un post ingenioso, un juego de palabras que hiciera reír al más huraño. Sería la publicación que quebraría la premisa del no-humor. Ajustes acá, ajustes allá, memegenerator, test satisfactorio, ¡eureka!

Lleva dos semanas publicado y ha conseguido un “recomendar” de mi colega de Parque Amarillo y un “brillante” de mi padre. No tiene ningún comentario...

El fracaso del post puede explicarse por lo subjetivo que es el humor —sigo pensando que es un buen meme—, pero en la comedia se toman riesgos y si hay algo a lo que teme esta secta virtual es al riesgo. No hay espacio para la vulnerabilidad en LinkedIn, por el contrario la red premia a quien ostente seguridad. Consecuencia de ello una impostada superioridad: a ver que nadie es tan exitoso, no estamos descubriendo que la tierra es redonda todos los días y no estás trabajando en la mejor compañía. La mayoría de los emprendedores están por abandonar —por más emojis que pongan— y si hay tanta compañía usando el #WeAreHiring es porque la gente está insatisfecha en sus curros. El feed es un muro de falsedades que nos distancia de nuestra humanidad, como cualquier otro muro.

A partir de entonces encuentro enfermizo LinkedIn. Desbancó, en términos de fakeness, al mismo Instagram —aún por encima del jodido culto al cuerpo de esta última—. Y cuando participo de esta red, porque dejémonos de vainas, hay que estar en esa joda, me es difícil no sentir frustración al ver que el ñoño de mi colegio ha recibido una nueva certificación en MIT mientras yo sigo probando memes para que este artículo tenga algo de gracia. En definitiva mi amiga estaba en lo correcto: en LinkedIn no hay espacio para el humor y me temo que en ello perdemos todos.

En todo caso, el meme:


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